Juzgando a los demás.

 

 

No juzguéis, para que no seáis juzgados.
 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Mateo, 7:1-5) 

Desde el principio, los hombres han juzgado a sus semejantes.

El varón juzga a la mujer, la mujer al varón. El pobre al rico, el rico al pobre. El empleado a su patrón, el patrón a su empleado. Y no seguimos porque la lista se nos va hacer interminable.

Incluso un hermano juzga a otro hermano

Ha llegado a ser tan normal la crítica, que hasta hay personas que han hecho de la crítica y el juicio, su medio de vida.

La verdad es que, juzgamos y criticamos todo lo que es diferente o desconocido para nosotros.

La crítica y el juicio, tal vez sea normales (aunque no lo son) para todos aquellos que están alejados de Dios. Pero para los que son de Dios, esta actitud debería haber dejado de existir, en el mismo momento, en que fuimos conscientes de cual era la voluntad de Dios. (1 Pedro,  3:10-11) 

Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tu que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tu que juzgas haces lo mismo. (Romanos, 2:1)

 

 

¿Podrías pensar en ello?

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.